martes, 17 de agosto de 2010

Vámonos

Las ganas de escapar, el futuro entero, desde el comienzo del tiempo, cabían en una botella de oporto.
Nosotros nos saboreamos mientras duró la oscuridad. No paramos de aprehendernos con la piel, de engancharnos con la lengua, de jugar a aislarnos de todo lo demás.
Compartimos la última gota de vino en tus labios antes de rendirnos al sueño.
Despertamos dos horas después dentro de una cajita de música, con el sol que entraba sin filtrarse en nuestras pupilas y con la ilusión en los tobillos, porque llegó la luz a enseñarnos que las noches nuestras, no por rebosar de magia se vuelven menos esporádicas y que, por eso, vienen seguidas invariantemente de un amanecer tan colmado de angustia que la derrama y de la más soporífera de las desesperanzas.